Tonga y Kamchatka: las lecciones que Perú no puede ignorar ante un tsunami

Víctor Orellana – Director de Riesgo País

En la gestión del riesgo, no todos los desastres responden a los protocolos para los que fueron diseñados los sistemas de alerta. La experiencia del Perú frente a la erupción volcánica de Tonga en 2022 y el terremoto de Kamchatka (Rusia)  en 2025 expuso dos escenarios muy distintos de amenaza de tsunami y, con ello, las fortalezas y debilidades del sistema de alerta temprana nacional.

El caso de Tonga fue particularmente complejo. No se trató de un tsunami sísmico clásico, sino de una combinación de ondas oceánicas y atmosféricas que generaron oleajes anómalos difíciles de modelar y comunicar. En la costa peruana, la alerta se tradujo en advertencias por mar peligroso y restricciones portuarias, pero el mensaje no logró transmitir la magnitud real del riesgo. La brecha no fue solo técnica, sino comunicacional y conductual, con consecuencias trágicas.

Kamchatka 2025 mostró el otro extremo. Un sismo de gran magnitud activó protocolos conocidos: modelación clara, tiempos de arribo definidos, evacuaciones preventivas y cierres ordenados. El impacto fue principalmente logístico y económico, pero sin pérdidas humanas relevantes. 

Para Perú, la lección es contundente: los sistemas funcionan bien ante eventos estándar, pero deben volverse más flexibles y comprensibles para amenazas atípicas. En gestión de tsunamis, lo que no encaja en el manual suele ser lo más peligroso.

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